El último GTI en llegar al nicho más pasional del segmento de los compactos es el modelo italiano que ocupa esta prueba. Una versión espaciosa y rapidísima que ofrece mucha seguridad gracias al diferencial delantero electrónico Q2.
Todo es pasión en este Alfa: desde su diseño, con detalles como el trébol de cuatro hojas dentro de un triángulo blanco, sobre las aletas -homenaje a la historia de la firma en competición y a su piloto Ugo Sivocci-, hasta el habitáculo en negro y aluminio con pespuntes rojos en el cuero de los asientos, el cambio, el freno de mano y el volante.
Además, es muy espacioso. Destaca el hueco excepcional para las piernas del que disponen los ocupantes del banco trasero, junto con el maletero de 350 litros de capacidad. Una apuesta clara por el confort del modelo del biscione. A esto suma que este tope de gama trae de todo -faros bixenón direccionales con lavafaros, cristales traseros oscurecidos, llantas de aleación de 18 pulgadas…
Su motor gasolina sobrealimentado empuja como un demonio. Tiene unos bajos suficientes, explota a medio régimen y estira hasta el corte de inyección (aunque la potencia máxima la consigues a 5.500 rpm) con un sonido ronco y muy adictivo, típico del grupo Fiat. Este 4 cilindros se asocia a un cambio manual de 6 velocidades, de tacto inexacto cuando vas relajado y con recorridos largos. Sin embargo, en conducción deportiva se vuelve certero en las inserciones.









