En un pacto mediado por el gobierno de Barak Obama la empresa italiana consigue el control de la compañía de Detroit y se convierte en la sexta automovilística del mundo.
Chrysler entró en concurso de acreedores el 30 de abril y había pedido autorización para vender los activos de la empresa a una nueva compañía que estaría controlada por Fiat, una operación que contaba con el beneplácito de la Casa Blanca. Finalmente, el proceso judicial ha concluido tras la venta de su 20% (con opción un 15% adicional) a la firma italiana Fiat. La empresa, presidida por Sergio Marchionne, gana así el control de la compañía de Detroit y se convierte en la sexta automovilística del mundo con una producción de 4,5 millones de vehículos.
Según el acuerdo, Fiat facilitará a Chrysler la tecnología para desarrollar vehículos más pequeños y ofrece su red de distribución internacional. A cambio recibirá una participación del 20% de la nueva Chrysler, que podrán elevar al 35% si cumple ciertas condiciones de eficiencia energética. Si además devuelven las ayudas públicas, podrán hacerse con el 51%.
El consejero delegado del grupo Fiat, Sergio Marchionne, pasará a ocupar la misma responsabilidad en Chrysler, que contará con un consejo de administración formado por nueve miembros. De este total, tres consejeros serán nombrados por Fiat, cuatro por el Gobierno de Estados Unidos, un consejero lo determinará el Gobierno de Canadá y otro la United Auto Workers (UAW), uno de los sindicatos más grandes y de mayor diversidad en América del Norte.
La corporación norteamericana se beneficiará de la experiencia del Grupo Fiat a la hora de reorganizar su negocio en tiempos de crisis y también accederá a su la red de distribución internacional, principalmente en los mercados de Latinoamérica y Rusia.