
El proverbial comportamiento dinámico de los Alfa Romeo se ve ahora reforzado con el sistema Q2. Asegura algunas ventajas propias de la tracción integral, pero con un peso y un coste realmente inferiores. Mejora todos los puntos fuertes de la tracción delantera, en materia de seguridad activa, aumentando el placer y el control de conducción.
Está previsto iniciar su comercialización exclusivamente en motores diesel: Alfa GT y Alfa 147 equipados con el motor 150 CV Multijet.
Cómo funciona el sistema Alfa Q2
El sistema Q2 se basa en la presencia de un diferencial de deslizamiento limitado, de tipo mecánico Torsen. En concreto, este diferencial tiene la tarea de repartir el par entre las ruedas motrices delanteras de manera dinámica y continua, dependiendo de las condiciones de conducción y del firme. Combinado con la exclusiva suspensión delantera de paralelogramo, el sistema permite un tuning del automóvil especialmente eficaz.

Alfa Romeo partió de la excelente reputación que la tracción delantera contaba entre los clientes (no es casualidad que sea la solución elegida por la mayoría de las casas automovilísticas). Basta con decir que, más allá de los beneficios generales de este tipo de arquitectura (peso, habitabilidad, etc.), en las situaciones límite, el comportamiento subvirador de la tracción delantera permite al conductor responder a las tensiones del vehículo de manera más intuitiva; de aquí nace la idea de que la tracción delantera es más sincera que la tracción trasera.
Para ensalzar estos beneficios, Alfa Romeo ha puesto a punto el sistema Q2 que hace suyos todos los puntos fuertes de la tracción delantera, aumentando considerablemente el agarre a la carretera, la tracción y la estabilidad en reducción y, al mismo tiempo, reduciendo el subviraje en aceleración, las intervenciones de los controles electrónicos y las vibraciones en el volante.
A continuación mostramos dos ejemplos prácticos que ponen de manifiesto el potencial técnico del sistema Q2.
Primer caso: automóvil en curvas
Recorriendo una curva en condiciones de poca adherencia (carretera mojada, nevada, con barro, etc.) o conduciendo de forma deportiva, a menudo nos encontramos ante una situación de pérdida de adherencia de la rueda interior. En el momento en que, a causa del aligeramiento de la suspensión debida a la transmisión de carga lateral, en la rueda interior se reduce el par al terreno, el diferencial tradicional (que reparte el mismo valor de par a ambas ruedas) transmite a la rueda exterior un valor de par igual que resulta ser insuficiente para una buena tracción.
En esta situación se pueden obtener dos respuestas distintas en función del equipamiento del automóvil. De hecho, en un modelo sin ASR – VDC, el resultado percibido es un deslizamiento de la rueda interior, una pérdida de control del vehículo (fuerte subviraje) y una falta de aceleración en la salida de la curva. Si, por el contrario, el automóvil está equipado con ASR – VDC, la intervención de los sistemas de asistencia a la conducción restan potencia al motor, interviniendo en la válvula de mariposa y en el sistema de frenos, haciendo realmente imposible la modulación del acelerador y creando una desagradable sensación de descenso de la potencia.
En ambos casos, el resultado es que en la salida de la curva se tenga la sensación de estar parados.
″ Qué sucede con el sistema Q2
En el momento en el que la rueda interior empieza a perder adherencia, el par se transmite parcialmente hacia la rueda exterior, garantizando un subviraje menor, una mayor estabilidad y una mayor velocidad de recorrido de la curva.
El mejor rendimiento mecánico de la transmisión Q2 retrasa la intervención de los sistemas de control del automóvil, garantizando una mejor tracción en salida de curva. Todo ello para ganar en placer de conducción y en control total del vehículo.
Segundo caso: terrenos con poca adherencia
Cuando se conduce en terrenos con condiciones de baja adherencia, a menudo las ruedas motrices están en condiciones de distinta adherencia. Por ejemplo, al recorrer una carretera nevada o mojada, las dos ruedas podrían encontrarse en condiciones de adherencia diferentes.
En estas condiciones concretas, una arrancada o una fuerte aceleración podrían comportar un deslizamiento de la rueda con condiciones críticas de fricción, con fuertes reacciones en el volante, un arranque inadecuado y la necesidad de realizar continuas correcciones con el volante para mantener la trayectoria.
″ Qué sucede con el sistema Q2
Los efectos negativos se contrastan gracias a la transferencia progresiva del par hacia la rueda que puede disfrutar de un mayor coeficiente de fricción, haciendo más sencillo, por ejemplo, el arranque en subida o más segura y confortable la conducción por tramos de carretera con condiciones variables del firme.
